jueves, diciembre 06, 2007
Gorrilla vitalicio
Solo. Bufanda y guantes, compañeros mártires.
Su cabeza calva acusa todos los vientos, culpables quizá de los desvaríos que le secan los labios. Su mirada azul celeste no encuentra asideros en este mundo. He intentado que me viera muchas veces... , ¿qué tendrá en su cabeza que lo aleja a cada latido de la compañía de los hombres?
De un lado a otro, hablando el idioma de las mentes absueltas de cordura. Parece no temer la muerte, pues se lanza entre los coches sin recato. Alguna vez lo ví correr. Las suelas de goma gastadas hicieron un esfuerzo impropio de su edad por ganarse el pan de un día. Inesperado. Creo que es la palabra que lo define. Por eso me quedo mirándolo y mirándolo -algún día tendré un accidente...-, buscando su mirada bajo el frío , quizá con la ilusión de decirle-¡ah!, si me entendiera-, que acompaña cada día mis trayectos, que un día no lo ví; creí que no lo vería nunca más..., y ese día perdí un trozo de vida.
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