Perdonad mi silencio...
Siglos de ocupaciones que hacen desear el sacro momento de la pluma como un espejismo de río en la garganta.
Elementos de la fauna. Así nos reconocimos, ya de lejos, y así nos aprobamos. Lomo oscuro él, criatura de la noche; yo abrigo de lana blanca; la otra cara.
Porque en noches de luna, bajo el oro de una copa, despierto a algo temido como una leyenda antigua y el alma se me escapa, amante de la luna, hacia la fauna salvaje. Porque la noche es para el amor, como el día para la belleza, y yo sólo sé ver la noche con ojos amantes, de gato que pasea su nostalgia entre los tejados.
Por eso aquella mañana, rabiosa de luz, al encontrarme su mirada negra y vertical, eterna y de un instante, volví a pasear mis sueños por largas calles, y mil y una preguntas mirando la luna..., mientras el sol proyectaba en el suelo una extensa sombra.

4 comentarios:
A mí no me gustan los gatos negros -ni los gatos en general-; no por superstición..., pero sí quizás por el misterio que encierra su mirada. Por fin vuelves, eh?
qué poesía más bien conseguida... ;) un bechito!!
Los gatos blancos son sordos de nacimiento, no los verás nunca por la noche. No sobreviven. Su única esperanza de vida es quedarse en casa al amparo de alguien que los quiera su bien. De día, en recintos limitados y con cascabeles al cuello pueden disfrutar del aire libre y expansionarse.¿Serán por eso frecuentes en la noche los gatos negros? Quizás su color indique la vida que pueden llevar.
Tus escritos siempre me envuelven en belleza, será que le sacas a la vida lo que otros sabemos que está ahí pero no somos capaces de ver. Un beso.
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